Bitácora de un perdedor

Diary of a simple man

This town feels mine

Pensamientos en tiempos del temblor…

Sentir la muerte cerca es lo mejor que puede pasar en la vida, saca lo enterrado que crees que no existe en ti: lloras, escribes, le dices “te quiero” a las personas que quieres, valoras y tomas conciencia de lo que es realmente importante. Sí, es una ironía así como fue ironía que se repitiera la historia del 19S. Ese día me di cuenta que estoy en el lugar correcto, que, al menos por el momento de mi vida a los 32 años, pertenezco a esta ciudad.

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Foto: Santiago Arau


Un temblor es de las peores experiencias de vida que no entendí hasta que lo viví.

Comparado con otras personas, la verdad, hasta quejarse es ridículo, pero solo uno sabe todo el esfuerzo que toma para construir un patrimonio y más en esta ciudad. En nuestro caso o podríamos irnos a vivir a otro lado pero nuestra vida ya aquí y la vida sigue.

No tengo palabras para agradecer las muestras de solidaridad, por estar al pendiente: a mis amigos, amigas, brothers, familia y a mi mujer.

Es momento de tomar decisiones, retomar proyectos y seguir echándole un chingo de ganas… no solo yo, sino todos/as los que tuvieron pérdidas humanas y/o materiales.

¡Seguimos vivos!

Paz ✌🏼

Un viaje al otro lado del charco

Pude salir unos días del país a un viaje no planeado a Paris, era algo que tenía prospectado para el 2018 pero los astros se alinearon y se armó.

Perdí el vuelo de conexión de ida lo que me hizo enojar mucho, porque el vuelo a México – Dallas iba con dos horas de retraso, entonces era un hecho que perdería un día completo en Paris. Corrí, nerviosísimo junto a una Argentina que también estaba sobre la hora para tomar la conexión. Teníamos la esperanza de poder alcanzar el vuelo, pero en mi caso no lo logré (sad) y a la argentinita ya no la vi. Me ofrecieron otra opción: salir a Londres y de ahí a Paris. Lo acepté. Me senté una hora y dije: Londres, ¿por qué no quedarme ahí?. Perder el vuelo de conexión e irme al siguiente día en el tren rápido, al final todo era cuestión de dinero (glup) pero era conocer una ciudad más, un país más.

Me sentaron junto a una chica con aspecto indú pero no olía a indú, ni nos hablamos mientras cruzábamos el océano. Era mi primer viaje el otro lado del charco, puedo decir que era como viajar en el tiempo (ocho horas de diferencia) nos dieron de cenar y desayunar: aún no decidía si quedarme en Londres sin hospedaje, sin tren reservado a Paris. No sabía si mi maleta la iban a dejar ahí o enviar al vuelo de conexión. No sabía nada. Entonces apliqué el infalible: “chinguesuputamadre” y me quedé. Tardé en localizar la maleta, me llevaron al cuartito de los fracasados que perdemos las maletas y después de una hora la pude recuperar.

Ya tenía mi equipaje, compré un hospedaje (el más barato que encontré y con mejor puntuación en booking punto com) y busqué el metro o Underground como le dicen mis paisanos Londinenses. No sabía ni a donde iba. No sabía qué tipo de ticket comprar. Todo estaba en libras esterlinas y yo sin efectivo (afortunadamente en todos lados se podía usar la tarjeta). Un ticket de un día fue la mejor opción, muy caro a comparación de México pero lo compré. Me lancé a la estación y me encontré a un españolete de esos que viajan de mochilazo y me dijo que la estación Piccadilly era la chida o la que ‘molaba tío’, no escuché bien. Ya tenía hotel, compré un sim con internet en una máquina por unas 20 libras, pedí de favor para que me compraran el ticket de Eurostar a Paris y ya, mientras el tren avanzaba, ya estaba adentrándome a la ciudad. Las casas eran diferentes, me preguntaba cómo sería vivir ahí: bonito y bien chido respondía mi mente. La gente era diferente… Todo era diferente.

Para ese día el único plan era que no había plan. Ver el Big Ben y las casas parlamentarias fue un momento único.

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La honestidad nos hará libres

Este año he cerrado muchos proyectos, personales y laborales. También he podido estudiar mucho, aprender cosas diferentes y viajar.

Creo que lo más importante que he aprendido es entender el concepto de Dios y la importancia en la vida de todos. Eso me hace feliz, porque me siento en paz: crear a mi Dios ideal y basar mi vida en su filosofía.

He entendido las relaciones humanas y a veces me pregunto si estoy haciendo lo correcto, si realmente vale la pena seguir el camino. Aunque suene egoísta, debemos saber qué es lo que necesitamos en nuestra vida y qué podemos dar a los demás, aunque el amor es la base, inherentemente siempre buscaremos cubrir nuestras necesidades personales con otras personas, animales, arte, deporte u objetos. Si la necesidad es de llenar el ego, será necesario dejarlo en claro. Hay cabida en todos para todos, podemos llenar las necesidades de alguien más por un momento o por toda la vida, eso dependerá de cada relación. Una clave de saber si estás en el lugar correcto es sencilla: se comparten los mismos objetivos en ese momento y lo hacen con honestidad.

Gran año 2016, el año del aprendizaje. 2017 deberá ser el año de aplicar lo aprendido.

Autorespeto

Respeta tu trabajo, respeta tu alma, respeta tu cuerpo, respeta tu tiempo; si no lo haces tú, nadie lo hará.

Críticas que cambian a la gente

No soy un gran orador, pero si algo he aprendido en estos últimos tres años es a valorar mis ideas y decir lo que pienso hacia los demás, decirlo como va, con exabruptos, groserías, poco “polite”, sin tapujos. Muchos queremos escuchar nuestras verdades pero pocos se atreven a decirlas de frente, todos queremos atención: alguien que nos venga a leer al blog, que nos diga si tenemos un frijol en el diente o si llegamos con el almohadazo al trabajo. El ego.

De la gente se puede aprender cuando realmente valora lo que le criticas, sea bueno o no tan bueno, hay personas que les gusta que le digas que la están cagando, que esta haciendo la cosas bien o que las puede hacer mejor. Creo que vale la pena tomarse el tiempo en hacerlo con la gente que aprecias, que sabes que podrá ser mejor cuando se de cuenta de sus errores o de como los vemos los demás. Todo esto viene porque hay veces que puedes cambiar el rumbo de la vida de otros, a mi me paso cuando me dijeron después de felicitar a alguien por su buen trabajo: “esto es por tu culpa, por la plática de la otra vez, por lo que me dijiste… tenías razón”.

Dos horas manejando a casa y la lluvia no cede
media hora buscando un lugar en la calle para estacionar el auto
los zapatos favoritos llenos de lodo echados a perder
abro la puerta, te miro y me doy cuenta que no me hace falta nada.

Distante

Recuerdo a ese amigo de la primaria que era el mejor jugador de futbol del grupo. Era mi mejor amigo. No lo podía cambiar por nada. Toda la primaria me contó que su papá se fue hasta que en quinto año llegó uno a casa con el que se sentía a gusto y qué mejor, era arbitro profesional o al menos eso dijo. Él era feliz con su nuevo medio hermano y su nuevo padre.

Unos años después de dejar la primaria lo encontré en la calle, en la escuela y nunca le volví a hablar. Aunque recordaba los viejos tiempos y de cómo la pasamos bien no podía siquiera mirarlo a los ojos. Ya no me importaba su amistad ni saludarlo, nada. ¿Qué es lo que pasó por mi cabeza? No sé, trato de entenderlo, tal vez sea egoismo, mamonismo o como se llame, pero tal vez más allá de todo, sin tratar de justificarme, había algo que ya no me importaba de el. Después pasó con más y más gente. Hasta la fecha no es que me importe o no la gente, simplemente es que… cómo explicarlo… simplemente deja de importarme o la olvido y a veces cuando quiero regresar y platicar vuelvo a confirmar que simplemente no me interesa su amistad, juzgando que no aportan nada en mi vida, que no dan vuelta a la hoja, que tienen los mismos chistes de hace diez años. ¿Debería ser importante solo hablar con personas que aportan algo positivo a tu vida? No lo sé, personalmente sí, me siento más cómodo y no tengo que fingir que me importan.

Aunque también hay un lado contrario, hay personas con las que quisiera regresar a platicar, salir, convivir, tomar una chela, fumar un cigarro, abrazarlos, pasar un lunes sin preocupaciones pero sé que es difícil o casi imposible que vuelva a pasar.

Atte., El Sr. Mamón.

El tercer piso, mis 30.

Son casi las dos de la mañana, pasó algo que se llevó el sueño o tal vez es el pendientito de dejar algo aquí en tan, personalmente, motiva ocasión.

En ocho días cumplo treinta años y esta vez hago una introspectiva más profunda pero haciendo la misma pregunta de cada cumpleaños: ¿Qué chingados he hecho de mi vida? La respuesta esta vez: mucho, aunque no lo suficiente.

Me da gusto ver que a los treinta soy una parte de lo que siempre quise ser. Me da alegría entender que no importa cuánto tengas sino con quién lo compartas. Que la felicidad no es un mito pero que no es como la cuentan. Paso a los treinta comprendiendo y sintiéndome con menos miedo de seguir formando una familia; de tener un hijo o mil o ninguno. Paso a los treinta agradeciendo a cada una de esas personas que me trajeron hasta aquí, a estar donde estoy, a ser lo que soy, a entenderme. Este ha sido un gran paso, aunque me haya alejado de ustedes, aquí están, están en mi, siempre. Paso al tercer piso resignado a que tarde o temprano mi música llegaría al programa de clásicos de mi estación favorita. Esta vez puedo decir que no me falta nada y paso a los treinta sintiéndome lo suficientemente viejo para no seguir sintiéndome de veinte.

Retrospectiva 2014

Esta semana mi vida regresó al punto que dejé desde hace casi 3 años. Las cosas ya no son iguales, para nada iguales, ni para mi, ni para las personas que dejé en ese tiempo.

Romper con esos ciclos te permiten ver en retrospectiva lo mucho que ha cambiado tu vida, lo que has aprendido haciendo las cosas bien o mal: en dónde estás parado. Y ahora la única pregunta es, ¿en dónde he estado todo este tiempo?

Protegido: Estrella del dinero

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