Historias de mi alter ego 2

por elhoyofunky

Historias de mi alter ego 2

No encontré con quien beber una cerveza y salí por las calles a buscar algo que comer o leer, daba igual. En medio de esta caótica ciudad encontré a Sarah, era una gran coincidencia, cuatro o cinco años de no verla desde que terminamos, parecía que en ese momento todos los sentimientos se habían ido a las cañerías. Ya estaba enterado que rentaba un piso con algún tipo que conoció en el trabajo, un tipo de aquellos que se la pasan renegando de la vida para conseguir bellas mujeres, tenía un aspecto “rockero”, en fin, ella siempre había tenido fijación a este estereotipo de hombres, no sé como pudo estar conmigo todo ese tiempo. Le invité a tomar una cerveza, Sarah accedió, tenía tiempo de sobra, eso dijo.

Entramos a un lugar de buen aspecto, algún tipo de bar que encontramos a media cuadra. Quise ser amable y hacer esas cosas que nunca hago, saqué la silla para que se sentara pero ella no accedió, era muy dura aún, con la mirada me hizo saber que no debería intentar nada. Se me vino a la mente su novio rockero y en las cosas que le debía platicar.

Pedimos un par de cervezas como en los viejos tiempos. No podía evitar mirar los ojos de Sarah…
– Estas muy gordo – se rió
– ¿Qué?
– Si, lo digo por tu estomago de cerveza
– Bebo regularmente, tu sigues igual. – Mejor que nunca, pensé. La miré pervertidamente.
Se incomodó.
– Cuéntame, ¿qué has hecho?

La plática se tornó banal, no conté mucho, no tenía por qué hacerlo.

– Es tu turno, debes tener mucho que contar
– No mucho, llevo dos meses que no veo a mi padres, espero estén bien…
– ¿Otra vez tuviste problemas con ellos?
No contestó mi pregunta y cambió el tema. Ella siempre tuvo problemas con ellos por su fanatismo religioso. No insistí, chocamos nuestros tarros y tomamos un largo trago.
– ¿Ahora qué música escuchas?
Quise contestar que ya no era mi prioridad hablar de eso, no quise arruinar el momento.
– Ya no sé ni qué me gusta.
– Ah, pensé que seguías escuchando esa mierda de música que pasa en la radio local.
Me reí, no respondí, bebí y pedí otra cerveza. Ella me platicó acerca de los conciertos que había asistido en el año. Seguía pensando que escuchar rock te hacía una mejor persona.
– Iron Maiden, ¿te gusta?
Imaginé otra vez a su novio rockero diciendole que era una gran banda.
– No le he entrado, esta fuera de mi jurisdicción – qué mierda estoy diciendo, pensé.
– Son una bandototota.
Reí.
– Oh, si, me imagino que deben ser buenos – contesté y tome el más de media cerveza en un solo trago, dejé el tarro a un lado. Solo tenía para pagar las dos cervezas, dejé el dinero en la mesa, le pedí disculpas y me despedí. No había nada más que platicar.

En cierto modo ella seguía siendo la misma, que bueno que no esté muerta porque siempre le desee lo mejor, por eso la dejé.