Historias de mi álter ego (1)

por elhoyofunky

Este relato pertenece a “Historias de mi álter ego“: sucesiones de palabras sin sentido. Osea, pajas mentales del autor de este sitio.

Mi primera novia

La pubertad: aparte de masturbarse y pensar en mujeres, no había nada mejor. No han cambiado mucho las cosas.

La recuerdo, labios gruesos, bonita sonrisa, en forma, pero sus enormes tetas recién formadas no iban acorde a su baja estatura, le hacían parecer gorda, además ese enorme y feo copete no le favorecía. Me gustaba verle esos siete centímetros de pierna que mostraba cuando se sentaba, yo disimulaba (supongo), en el fondo era y sigo siendo un pervertido como todo el mundo. Si nadie tratara de disimular ser una persona normal, estaríamos en el hoyo.

Como diría el buen Chinaski: soy un hombre de piernas. Su pecho no me llamaba la atención, a veces le rozaba sin querer con el brazo, se sentía muy duro, no me lo explicaba. Cuando la abrazaba para darle un beso… olvídenlo, no recuerdo esa sensación. Lo importante era tener una novia, seguir los patrones de conducta que mostraban en televisión abierta y en las películas domingueras. Nunca pensé en tener sexo con ella.

No recuerdo su forma de ser. Me aburrió, huía de ella y nunca me atreví a decirle que ya no la quería. Eso si es difícil después de haber dicho muchas veces “te amo”. A esa edad, decirlo es tan fácil como decir “buenos días”. Terminó conmigo y me sentí liberado. La vi llorar y pareciera que mi recipiente mental etiquetado con la palabra “orgullo” se llenaba con esas lágrimas. Se derramaba y yo lo disfrutaba.

Las mujeres no deben creer nada de lo que decimos.